Junio 21st, 2007

8…

Junio 20th, 2007

9…

Junio 19th, 2007

10 …

Cazando sueños

Abril 8th, 2007

¿La verdad? No es que le tenga especial cariño o admiración a este muchacho, pero sí creo que sabe luchar por lo que quiere.
Aquí os dejo este anuncio que tanto me gustó y que tanto me hizo pensar. Ha de ser casi una filosofía de vida.

“…Y los sueños, sólo se alcanzan cuando los persigues, y los persigues, y los persigues…”

Yo últimamente estoy luchando con mi yo, mis sentimientos y mis deseos. Estoy desaparecida, pero ahora necesito tiempo para mí, necesito tiempo para aclararme, para descubrir cuáles son esos sueños y perseguirlos sin temores ni pasos en falso.

Volveré, hasta entonces… perseguid sueños, conseguidlos y venid a contármelo.

Un beso a todos.

Cuestionándome…

Marzo 29th, 2007

Preguntas al azar

Preguntas como alfileres

Preguntas con gancho

Preguntas con malos humos

Preguntas con ritmo

Preguntas del corazón

Preguntas dulces

Preguntas embarazosas

Preguntas en el aire

Preguntas enrevesadas

Preguntas íntimas

Preguntas naturales

Preguntas que borrará el tiempo

Preguntas que dan juego

Preguntas que matan

Preguntas que se clavan

Preguntas simples

Preguntas transparentes

Preguntas vivas

… que forman nuestra propia vida.

Lecciones del cielo

Marzo 22nd, 2007

- Cariño, ¿qué te pasa?
- Nada mamá - contestó bajando la mirada a sus pies.

A pesar de ser un gesto casi imperceptible no se le pudo pasar a su madre, de modo que en el mismo instante en el que la niña desviaba la mirada de la figura, la madre la vio por primera vez.

- ¿Es eso?
- ¿El qué?
- Esa figura… ¿es eso lo que tanto atrae tu atención?
- Sí mamá - contestó la pequeña casi ruborizada.
- ¿Qué tiene?
- Estaba pensando que…
-Venga di, ¿qué pensabas?
- Sé que parecerá una tontería, pero estaba pensado que esa figura vive.
- ¿Qué quieres decir? - preguntó asustada.
- Quiero decir que cuando la he visto un escalofrío ha recorrido mi cuerpo y eso no me pasa con todas las esculturas que hay aquí.
- Bueno, habrá sido casualidad Clara…
- ¿Ves? por eso no quería contarte nada, sabía que pensarías que se trataba de una tontería y que es una chiquillada
- Clara no…
- ¿Qué vas a decir mamá? ¿Que no me ponga así? - le interrumpió mientras notaba cómo se acaloraban sus ánimos y sus mejillas.
- Bueno, se acabó. Volvamos a casa.

El camino de regreso transcurrió sin que una sola palabra fuera cruzada entre las dos mujeres. Cercanas pero distantes, así llevaban desde que Clara entró en la adolescencia.
La vida no era fácil para ellas. Desde que José las dejó Ana tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para poder seguir adelante.
El poco tiempo libre que le dejaba el trabajo y la entrada en el mundo de la adolescencia de su hija, hacían que la vida para Ana no fuera precisamente fácil.

Mientras conducía miró a su hija de reojo. ¡Había cambiado tanto! Recordó los años en los que Clara corría a colgarse en su cuello e inundarla de besos en cuanto la veía aparecer por la puerta. Recordaba las confidencias, los sueños, las ilusiones y los secretos. Sabía que algún día tendría que cambiar pero lo que jamás habría imaginado es que fuera tan pronto…

En ese mismo momento Clara deseaba que su madre le dijera algo, que la abrazara fuertemente, que la diera los besos que le daba de pequeña y le prestara la atención que le proporcionaba hacía años. ¡Habían cambiado tanto las cosas entre ellas! ¡Echaba tanto de menos a su madre!…

Una vez estuvieron en casa, no hubo cambio aparente. Entraron por la puerta y cada una se dirigió a su cuarto para ponerse algo más cómodo de lo que llevaban.
Llegó la hora de la cena , se sentaron juntas frente al televisor y acto seguido se fueron a dormir cruzando las primeras palabras desde que tuvieron la discusión en el cementerio:
- Buenas noches.
- Que descanses.

Y cerraron sus puertas para entrar cada una en su mundo particular.

Ana se echó en la cama y rompió a llorar. Lloraba de rabia e impotencia, por pena y añoranza. Extrañaba el calor de José, su suave carácter y sus dulces gestos; su facilidad para calmar a Clara y los mimos que le dedicaba a ella cada segundo. Destrozada por el cansancio el sueño se apoderó de su cuerpo quedando dormida en unos minutos.

Mientras, Clara hacía lo propio en su habitación. Lloraba porque extrañaba a su padre y, lo que es peor, porque extrañaba a su madre. Se sentía sola y perdida, sin saber cómo hacer para que Ana se diera cuenta de lo que la necesitaba a su lado. Pronto entró en un sueño profundo que la pilló de improviso llevándole a mundos lejanos.
De pronto tuvo una rara sensación. Sentía que estaba despierta aun sabiendo que se encontraba dormida. Se encontró de nuevo en el cementerio, frente a la misteriosa escultura que tantos sentimientos provocaban en su interior.
Un escalofrío recorrió su cuerpo y se sobresaltó al ver cómo se incorporaba y la miraba fijamente.
Dio un paso para atrás ignorando qué intenciones podría tener; Clara siempre se ponía en lo peor para evitar sorpresas.

- Tranquila Clara, no voy a hacerte daño – le dijo la escultura.
- No puede ser, tiene que ser un sueño – contestó confundida.
- Sí, efectivamente no es mas que un sueño. He venido hasta aquí para contarte algo que deberías saber.
- ¿Qué edad tienes? No pareces mayor que yo – contestó la chica cuando se vio capaz de reaccionar.
- Así es, tan sólo tenía 16 años cuando … bueno, cuando todo ocurrió,
- ¿Qué te pasó?
- Prefiero no hablar de eso, digamos que sólo ocurrió – contestó.
- Lo entiendo y lo respeto. ¿ Y bien? ¿qué es eso que me tenías que contar?
- Hace muchos años yo era una niña como tú. ¡Tenía tantos sueños por cumplir! Aunque qué te voy a contar que tú no sepas… - dijo perdiendo la mirada en el infinito. – Yo era una chica como tú con ilusiones y planes de futuro. Cierto día las cosas se torcieron. Fallecí, sí, pasé a mejor vida o como quieras llamarlo. En ese momento todos mis sueños se rompieron frágiles como el cristal. Yo también tenía una familia, ¿sabes? Igual que tú vivía sólo con mi madre, igual que tú tenía malentendidos y diferencias de opinión, igual que tú pensaba que no entendía lo que pasaba por mi cabeza y que nunca podría comprenderme.
- ¿Y qué pasó?
- Pasó que la vida me jugó una mala pasada. En un instante me separó de ella para siempre…
- ¿Y?…
- Pues que en ese momento comprendí todo lo que en vida no pude entender.
- ¿Y qué era exactamente?
- Pues eran cosas como que me quería más que a nada en este mundo. Eran cosas como que se desvivía por intentar saber más de mí, por cuidarme y mimarme, por intentar que tuviera todo aquello que necesitara, por tratar de llenar el vacío que provocaba la ausencia de mi padre.
- ¿Tu vida era entonces tan parecida a la mía?
- No te puedes hacer ni idea de hasta que punto así era… Por eso cuando me viste esta mañana sentiste aquello. Es difícil de explicar ¿verdad?
- Sí, muy difícil…
- En cuanto te sentí cerca supe que tendría que contactar contigo, sólo tú podrías entenderme y sólo a ti podría ayudarte.
- ¿Ayudarme? ¿Cómo?
- Haciéndote ver la realidad.
- ¿Y cuál es esa realidad?
- Cuéntame, ¿qué es lo que más te llamó la atención de mí cuando me viste?
- Tu postura, sin duda. Parecías triste y abatida.
- ¿ Y te has preguntado el por qué?
- Sí claro, pero no sabría decirte…
- Para eso estoy aquí, para contarte los motivos y para tratar de intentar que tú no caigas en el mismo error.
- ¿Y bien? ¿Cuáles son esos motivos?
- En realidad se reduce a un solo motivo…
- ¿Cuál es ese motivo entonces?
- Nunca se me pasó por la cabeza que la vida acabaría tan pronto. Sólo tenía 16 años y jamás pensé que podría morir con tan corta edad. Circunstancias de la vida hicieron que tuviera que abandonar el mundo de los vivos y pasar al de los muertos. Fue entonces cuando comprendí…
- ¿Qué es lo que comprendiste?
- Comprendí que había perdido el tiempo, que había infravalorado el esfuerzo de mi madre. Ella pasaba poco tiempo conmigo, pero en realidad se debía a que quería que tuviera todo lo que pudiera necesitar. Ella pensaba que podría valorar más lo material y para poder ofrecérmelo no tenía más remedio que trabajar horas y horas sin parar; y yo no supe hacerle entender que lo que necesitaba era tenerla cerca.
- Sí, te entiendo, sé lo que quieres decir, a mi madre le pasa igual…
- Pero tú aún estás a tiempo Clara. Tú tienes la oportunidad de sentarte con ella, de hablar con ella y contarle lo que sientes. Tú puedes decirle que la quieres, que al echas de menos y que te encantaría que te besara y te abrazara, que te de muestras de ese infinito cariño que te procesa.
- ¿Estás segura de que es así?
- Tan segura como de que mi madre sentía lo mismo por mí.

De pronto se hizo un silencio.
- Clara, yo no puedo arreglarlo, para mí ya es tarde. Es una pena con la que tendré que cargar eternamente. No es casualidad que en todo el cementerio la única figura caída sea la mía. Originalmente no era así. Estaba erguida, apuntando a lo más alto del cielo, pero en cuanto descubrí la realidad la pena fue pesando en mis espaldas hasta hacerme caer sobre la piedra. Es mi manera de pedir perdón por aquello que no hice, mi manera de demostrarle a mi madre lo arrepentida que estoy cada vez que viene a verme y a hablar conmigo.
Clara, tú todavía puedes poner remedio. – le dijo mirándole fijamente a los ojos.

- Nunca lo había pensado así –contestó.
- Pues así es pequeña. La decisión es tuya. Ahora me gustaría pedirte un último favor. Me gustaría que fueras a ver a mi madre y le dieras esta carta. No me preguntes ni cómo ni cuándo la escribí, eso son secretos de lo que suelen llamar “el más allá”. No puedo presentarme a ella, pero tú sí que puedes ir por mí. Necesito descansar, y sé que la única manera es pidiéndole perdón – le contó con lágrimas en los ojos.

Emocionada, Clara alargó la mano, cogió la carta y contestó – Lo haré, no tengas duda.
- Gracias, muchísimas gracias.
Y dicho esto se desvaneció delante de sus ojos.

Al día siguiente Clara madrugó para preparar el desayuno. Antes de que su madre se levantara de la cama fue a su cuarto dándole los buenos días y con una bandeja plagada de comida, café y la rosa más hermosa que encontró en el jardín.

- Buenos días – le dijo mientras se inclinó a darle un beso en la mejilla.
- Buenos días pequeña. ¿Te encuentras bien? – preguntó entre sorprendida y asustada.
- Mejor que nunca mamá, mejor que nunca – contestó con una sonrisa - ¿Tienes algo que hacer hoy?
- Siempre hay algo que hacer Clara, pero hoy es domingo y creo que me merezco un descanso…
- Bien, en ese caso me gustaría poder hablar contigo, creo que hay unas cuantas cosas que deberías saber.
- Pues tranquila que hoy el día será entero para ti- dijo sin poder creer lo que estaba ocurriendo y con un sentimiento de paz que hacía años que no experimentaba.

Y entonces Clara se sentó junto a su madre y comenzó a contar todo aquello que guardaba en su interior, porque por fin comprendió que lo que no se dice en vida muere en el interior.

Lo posible de los imposibles

Marzo 7th, 2007

Sabía que tarde o temprano llegaría el momento. Millones de veces había dado vueltas a cómo sería ese momento. Quería tener todo controlado, le habría gustado saber qué decir, qué hacer, cómo hacerlo… y sin previo aviso sintió que no podía esperar más, no había mucho más que planear, tan sólo era el momento justo, algo dentro de ella le decía que así era.
Se armó de valor, caminó hacia él y susurró:

- Raúl, ¿ te apetecería dar una vuelta?
- ¿Te has vuelto loca? ¡Mira la hora que es y la cantidad de papeles que aún tengo sobre la mesa!
- Sí, lo sé, pero…¿alguna vez viste un papel caminar?
- No, claro que no – contestó con media sonrisa.
- En cambio sí que viste correr los días, ¿verdad? ¿Te has fijado en lo rápido que corre el sol? Un momento está rozando la copa de los árboles y al rato cuando vuelves a buscarlo no está donde lo dejaste. ¿Acaso no es más fácil perder los rayos del sol que la cantidad de documentos que inundan tu mesa? – le planteó con un divertido gesto en la cara.
- Vale, lo has conseguido… pero sólo un ratito, ¿eh?

Y dicho esto los dos salieron por la puerta desafiando a una soleada tarde de primavera. Pasó un buen rato hasta que uno de los dos comenzó a hablar:
- ¿Quieres jugar?
- ¿Qué!?
- Digo que si quieres jugar a algo mientras paseamos.
- Tú te has vuelto loca, ¿verdad? – le dijo mientras la miraba de arriba abajo entre divertido y asustado.
- ¿Qué pasa, que a determinada edad queda prohibido jugar?
- No, pero…
- Pero nada! ¿Quieres jugar o no?
- Bueno… vale… ¿pero a qué?
- Podemos jugar a lo posible y lo inalcanzable.
- ¿Qué juego es ese?
- Pues uno dice algo de lo que nos rodea, y el otro tiene que conseguir hacerse con ello de la mejor manera que le sea posible.
- Mmm… a ver si lo he entendido. ¿Quieres decir que si tú por ejemplo me dices “hoja” he de buscar una por el parque hasta traértela?
- Sí, algo así, pero no es necesario que la traigas, bastaría con tocarla.
- Vale, creo que puedo hacerme una idea, no parece complicado!
- ¿Empezamos entonces?
- Empezamos! Esto está chupado!
- Vale, pues empezamos. Empiezo yo… Banco!

Y Raúl se acercó tímidamente a uno de los bancos que flanqueaban el camino, lo tocó rápidamente, miró hacia un lado y hacia otro para asegurarse de que nadie lo había visto y volvió junto a Vero. No dejaba de pensar que todo aquello parecía algo ridículo, que desde fuera debía de ser todo un espectáculo, y sin embargo no era capaz de decir que no…

- Vale, ahora me toca a mí… Margarita!

Y así pasó el tiempo y se sucedieron las palabras: rama, niño, columpio, papelera, fuente, barandilla, piedra, papel, balón, bicicleta, perro… Y la cosa se fue complicando: zapatilla, libro, cascos, llaves, diadema, pendientes, pájaro… Pero con mayor o menor dificultad todo se iba logrando.

Entre risas y momentos cargados de complicidad se dejaron caer en el césped recién regado refrescándose del calor que no dejaba de aumentar. Ahí tumbados Verónica se incorporó sobre el codo, se quedó mirando fijamente a Raúl y dijo:

- Me toca de nuevo. Nube!
- ¿Nube? Eso no vale! Eso es imposible!
- ¿Acaso lo has intentado?
- No, pero…
- Pues nada de “peros”! No empieces con los “peros”; al menos intentalo ¿no?
- Vale, pero…
- Y dale! ¿Lo vas a intentar o no?
- Que sí, que sí… - contestó sumiso.

Alargó su brazo hacia el cielo. Al principio dubitativo y temeroso. Cuando vio que no alcanzaba las nubes por más que se esforzara, dijo:

- Nada, es un imposible.
- ¿Y qué sientes exactamente?
- Pues para serte sincero… pensé que me daría igual, porque de antemano sabía que no podría rozarlas con mis dedos jamás, pero el hecho de verlas tan cerca y no poder tocarlas… en realidad deja una sensación de impotencia y de vacío difícil de controlar.
- Te gustaría poder tenerlas entre tus manos aunque sólo fuera por una vez, ¿verdad?
- ¿Tenerlas? Creo que me conformaría con rozarlas…

Entonces fue cuando llegó el momento que con tanta paciencia Verónica estuvo esperando. Era ahora o nunca…

- Pues sí Raúl, has encontrado un imposible. Pero ¿sabes qué? Tienes suerte de que tu imposible esté tan lejos de ti – dijo arrastrando las palabras.
- ¿Qué quieres decir?
- Quiero decir que muchas veces los imposibles los tenemos más cerca de lo que nos pensamos. Son cosas que físicamente podemos tocar pero que en cambio no podemos tener.
- ¿Por ejemplo? ¿Qué imposibles tienes tú?
- Pues por ejemplo… a ti – contestó valientemente.

En ese momento se creó un inmenso silencio entre los dos y mientras se incorporaba y desviaba la mirada continuó diciendo:
- Desde que te conozco tú para mí has sido mis nubes. Siempre has estado ahí, pero nunca he sentido que pudiera tenerte, ni siquiera rozarte. Cuanto más cerca has estado de mis manos, más lejos te he sentido.
- Pero…
- ¿Pero!? ¿Ya estamos con los “peros”? de verdad hay cosas que nunca cambiarán Raúl… - y dicho esto se levantó de un salto y comenzó a caminar de nuevo hacia el trabajo. Aún no se podía creer lo que había hecho, pero no era mujer de lamentaciones.

Mientras caminaba pensando en ese momento y en las posibles repercusiones que aquello traería, sintió como una caricia el roce de su piel… Raúl apresó su mano y sin darle tiempo a que se girara sobre sus pasos le dijo:
- ¿Imposibles?¿Qué es la niebla sino las nubes que bajan a acariciarnos?

Y dicho esto la hizo parar, miró directamente a sus ojos y la envolvió entre sus brazos.
- “Por fin sé lo que se puede sentir al rozar las nubes” – pensó. Y se perdió en la suavidad de su piel.

Nada de colorín colorado…

Marzo 4th, 2007

¿Hay alguien ahí?

LLevo tiempo escondida pero de nuevo estoy aquí!

Tras la esquina estuve esperando. Necesitaba fuerzas, me escondí pero nunca me fui. Ahora de nuevo asomo desde el rincón; despacito, poco a poco hasta recuperar el control…
Vengo de nuevo cargada de historias! Mi cabecita no para de contarme historias, y ahora me toca hacerlas llegar a todo el que quiera escuchar.

Sentaos aquí y allá; cerca o lejos; a los pies o en las montañas… que hasta aquí venga todo aquél que en algún momento extrañó los cuentos y las historias que de nuevo alzo la voz.
Para aquél que quiera, comenzamos un nuevo viaje a través de los cuentos…

Os espero a todos los que querais. El martes retomaré mi camino, espero que me acompañéis :)
Besitos.

Incongruecias

Febrero 20th, 2007

Me atrapa, me engancha, me enloquece.
Me axfisia, me agota, me entorpece.
Me aprisiona y acorrala.

Poco tiene todo esto que ver con el amor… y sin embargo, reconozco ese sentimiento en cuanto aparece…

Te veo pero no puedo hablarte.
Te tengo pero no puedo besarte.
Te alcanzo pero mis dedos no pueden acariciarte.

Porque te oigo y no te siento.
Porque te miro y no me ves.
Porque sueño que te tengo y en mi vigilia ya no estás.

Por todo lo que provocas, desearía que estuvieras fuera de mi vida… y sin embargo creo que entonces moriría.

La Despedida

Febrero 13th, 2007

Siempre estaba ahí donde lo necesitaba, cuando más falta le hacía. Podían pasar los días, las semanas y los meses sin saber nada de él, pero en cuanto sentía que necesitaba una mano amiga, un abrazo consolador, un hombro en el que llorar, unos oídos que escuchasen sus palabras… en esos casos sólo tenía que llamar e inmediatamente aparecía junto a ella.

Era una de esas personas a las que más se quiere pero menos se les reconoce.
Recordando, se dio cuenta que nunca le había dicho que le quería, le extrañaba o le necesitaba.
Nunca lo tuvo que decir hasta este preciso instante.

Ahora se enfrentaba a una hoja de papel. Era el momento de decir todo aquello que durante años había callado. Tantas oportunidades, tanto tiempo para expresar sus sentimientos y… ¿qué le quedaba? unas horas y unas líneas. Nada más.
Mientras luchaba con los recuerdos que asolaban su memoria y con el tiempo que corría en su contra, una mano temblorosa iba plasmando aquello que el corazón dictaba.

Aparentemente era una carta sin orden ni concierto. Palabras sueltas. A cualquiera que cogiera esa hoja le podría costar comprender que encerraba un mensaje… sin embargo ella sabía que cuando él la recibiera sabría entenderla.
Entendería que en esos momentos no encontraba las palabras que pudieran expesar lo que sentía. Podría entender el esfuerzo que le suponía aquello, y que tal desorden era debido a que por fin, después de tanto tiempo, había sido capaz de romper el dique de su corazón. Por eso los sentimientos fluían a raudales.

Te extraño, te añoro. Te admiro, te respeto. Te necesito, te quiero…
Así fue como llenó la página sin apenas darse cuenta. Cerró el pequeño discurso con un “te echaré de menos” y una lágrima.

Sin poder contener el llanto que ya había comenzado, dobló cuidadosamente la hoja por la mitad, la metió en el sobre, lo cerró y completó la dirección del destinatario:
” Para Hugo; directo al cielo”

Con lágrimas en los ojos dirigió una última mirada a ese inmenso cielo y con paso vacilante se encaminó al buzón aun siendo consciente de que jamás podría leerla…

**********

Y mientras esto ocurría, Hugo la contemplaba emocionado, deseoso de poder abrazarla y darle un cálido beso para que supiera que seguía ahí. Seguiría cuidándola allí donde estaba, y pronto le haría comprender que, a pesar de la distancia y las brechas insalvables, continuaría escuchándola, abrazándola y protegiéndola de todo cuanto le ocurriera. Al fin y al cabo, aunque ella nunca lo hubiera llegado a saber, siempre sería la princesa de sus sueños…

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