(Ya estoy aquí con un cuento. Os pensabais que dejaría de escribir? Eso sí, para los que participen en el juego y aún no hayan elegido número, que se pasen por aquí, necesito que lo hagan cuanto antes para poder poner todo en marcha! )
Sus lustrosos colores le permitían presumir.
Llamativos rojos, ácidos amarillos y cálidos verdes. Todos ellos esplendorosos en su individualidad y un explosivo cocktail al mezclarse en su elegante aleteo.
Así era ella, hermosa y admirada sin proponérselo.
Paseaba sus colores por el bosque regalando la vista a todos los que por ahí se dejaban caer. Con el tiempo, su carácter presumido se tornó en arrogante y engreído.
Volaba más alto que las demás, aleteaba más fuerte que el resto y nunca nunca volvía la vista atrás.
Un día despertó y alzó el vuelo, como siempre había hecho. Todo iba bien hasta que se percató de que nadie la miraba, era como si no fueran conscientes de su presencia.
Trató de mejorar sus acróbatas maniobras en el vuelo pero nada ocurrió. Entonces decidió perder altura, quizá había gente más corta de vista ( ” lástima, no todos son perfectos como yo” - pensó). Siguió bajando y bajando hasta quedar a la altura de los ojos, y… ¿qué ocurrió? que si no hubiera sido por su agilidad, una rápida y certera mano habría hecho que perdiese el equilibrio y se estrellara contra el suelo.
Se alejó presurosa del lugar. No podía creer lo que estaba pasando ¿es que se habían vuelto locos!? Se podría pensar que era algo puntual, pero mientras continuaba su vuelo descubrió que pasaba igual…seguían sin mirarla, no atendían a sus bellos colores.
Cansada de realizar cabriolas que nadie valoraba, decidió posarse en una de las ramas que acariciaban el río. Entonces descubrió la realidad, lo que tanto temía…
El reflejo que obtuvo del agua no podía ser cierto; esa no era ella! esas no eran sus alitas!
Cansada y abatida no supo dónde esconderse. Se avergonzaba de la escala de grises que se apoderó de su frágil cuerpo.
Era una sensación tan…extraña! Hasta ahora se había creído fuerte y admirada por todo el que se cruzaba con ella en su camino, pero había descubierto que no era su carácter ni su presencia, sino su hermosura lo que conseguía atraer la atención de los demás, y ahora… ahora había desaparecido sin saber cómo ni por qué.
Pasó meses acurrucada en una oquedad de un viejo roble. Agazapada y cobijada no hacía mas que lamentarse.
Un día asomó la cabeza un desagradable ser peludo que arrastraba su vientre para desplazarse.
- ¿¡Qué haces aquí!? Largo! este es mi rincón y no pienso renunciar a él, es todo cuanto me queda! - gritó despectivamente la mariposa.
- ¿Tu rincón? ¿Y se puede saber qué haces en un rincón si ya eres mariposa? - preguntó incrédulo el gusanito.
- ¡Y a ti qué te importa!
- Bueno…en realidad sí que me interesaría saberlo ¿sabes?
- ¿Ah, sí? ¿qué pasa, te gusta meterte en los asuntos de los demás o qué? - continuó la desesperada y malhumorada mariposa.
- No, para ser sincero me interesaría saber por qué una vez que se consigue un sueño se decide renunciar a él.
- ¿Un sueño?¿ un sueño? ¿Tú me has visto?¿Acaso te has molestado en mirarme? Más que un sueño parece una auténtica pesadilla! – y mientras decía esto se le escaparon todas las fuerzas que le quedaban materializadas en amargas lágrimas que recorrieron su cara.
- Sí, claro que te he visto! – le dijo el gusanito mientras se le acercaba lentamente – ¿ y sabes qué es lo primero que he pensado nada más verte?
- No, pero puedo imaginarlo…
- ¿Ah, sí? ¿y qué es lo que imaginaste? – preguntó a la vez que se situaba a su lado.
- Pues que vaya mariposa más pobre y deslucida – suspiró.
- ¿Eso crees?
- Sí, lo creo.
- ¿Quieres saber qué es lo que he pensado?
- Pss… como quieras, aunque ya te digo que sé lo que me vas a decir.
- Bueno, sea como sea te lo diré. Cuando me he asomado y te he visto lo primero que se me ha pasado por la cabeza es una pregunta…
- ¿Cuál era?
- Me preguntaba qué hacía una mariposa encerrada.
- Sí, entiendo que es poco lógico, pero mira mis alitas – dijo compungida.
- ¿Qué les pasa?
- Pues que no tienen color!
- ¿ Y?
La mariposa no supo qué contestar.
- Quizá no tengan color – continuó su nuevo amigo- pero no es lo más importante. ¿Sabes cuál es el problema? Que olvidaste la verdadera razón.
- ¿ A qué te refieres?
- A la verdadera motivación. Fuiste agraciada con unos bellos y llamativos colores, no todas tienen esa suerte, pero tú fuiste una privilegiada y, en lugar de considerarlo un añadido, lo convertiste en la motivación y valía principal.
¿No recuerdas los días en los que aún eras como yo? Un pequeño gusano verde y peludo; un ser que para poder moverse ha de arrastrarse por toda la tierra. ¿Ya olvidaste esa etapa?
- Pues…
- Pues al parecer sí. Pero un día fuiste como yo. La hermosura te la dio el tiempo y la suerte te acompañó en la combinación. Pero no es más que eso, suerte y azar.
Antes de poseer esa belleza tan sólo suspirabas por que llegara el día en que pudieras alzar el vuelo, sin más. Lo verdaderamente interesante es que tú puedes volar.
¿Alguna vez has pensado en ello? ¿sabes la cantidad de seres que anhelan poder volar? Hasta el hombre, que se supone el mayor ser de la creación, lucha por eso!
Ese es el don, y tú… aquí te ves, encerrada y agazapada porque no luces lindos colores…
Según iba hablando el gusanito, la mariposa fue poco a poco desplegando las alas que rodeaban su cuerpo.
- Sí, tienes razón! Ahora recuerdo aquella época en la que desde tierra miraba embelesada las atractivas cabriolas de las mariposas. Recuerdo el ansia que me corroía, los nervios ante la inmediatez de la metamorfosis y la impaciencia de romper el capullo. Ahora recuerdo…
- ¿Sabes? A todos nos gustaría lucir colores alegres, colores que atraigan miradas y arranquen sonrisas, pero… ¿quieres saber un secreto?
- ¿Secreto? ¿hay un secreto? – preguntó intrigada.
- Claro! Mi abuela me lo contó antes de irse de este mundo, y a ella se lo contó su abuela, y así durante generaciones.
- ¿Y cuál es ese secreto?
- Verás, en realidad los colores que lustran nuestras alas no son del todo…aleatorios.
- ¿Qué quieres decir?
- Pues que nada más salir del capullo no tenemos esos colores…
- ¿Cómo que no? Nos daríamos cuenta de ello!
- ¿Eso crees?
- Sí, eso creo.
- ¿Podrías decirme qué es lo primero que hiciste nada más salir?
- ¿Qué voy a hacer? Echar a volar!
- Por lo tanto, no te paraste a ver esos colores que te habían sido otorgados, no?
- Ahora que lo dices…
- ¿Ves? La principal motivación que tenemos nada más salir es volar, volar alto. Sentirnos libres.
Cuando salimos del capullo nuestras alas son monocromáticas. ¿Nunca has visto una mariposa naranja o amarilla o roja? …
- Sí, pero pensé que era producto de la mala suerte.
- Nada de eso. En realidad se trata de mariposas recién salidas, de ahí que sólo tengan un color.
- ¿Entonces, los colores?…
- Los colores se van formando con el tiempo. Cuando un niño sonríe al verte los amarillos despuntan. Cuando una pareja en un parque trata de fotografiarte los rojos hacen su aparición. Cuando te posas en el tronco de un viejo roble los marrones se apoderan de ti. Cuando es la hierba la que disfruta de tu presencia, te quedas con parte de su verdor…
- ¿Entonces?.. – le interrumpió.
- Entonces los colores que luces no son mas que producto de tu experiencia. Es algo así como un recordatorio, un viejo álbum de cada momento vivido.
- Pero, ¿qué ha pasado con mis colores?
- Pues que los consideraste como algo tuyo cuando en realidad es algo que sólo consigues gracias a los demás. El trato con otros te enriquece y embellece, pero llegaste al extremo de desprestigiar a otras mariposas por su colorido. Llegaste a creerte autosuficiente y le llegaste a dar tal importancia a tu colorido que descuidaste el trato con todo aquello que, precisamente, dibujaba tus alitas.
- Sí, tienes razón – comentó descorazonada y cabizbaja.
- Eh! Pero no te lamentes! Estás a tiempo. Sal ahí fuera; danza, revolotea y llena de alegría la vida de los demás; verás como pronto recuperas tus colores y quizá hasta luzcan más brillantes que nunca.
- Sí! Es cierto! Estoy a tiempo! – comentó exaltada.
- Corre! Vuela!
- Y tú ¿qué vas a hacer? – dijo antes de irse.
- Yo comenzar a construir mi sueño – contestó mientras se acomodaba en un rincón dispuesta a tejer su capullo.
- Suerte pequeño. Espero que pronto podamos coincidir por el cielo y que tus alas estén cargadas de hermosos colores.
- Seguro que sí, descuida. Y ahora… a volar!
Y así fue. Se acercó al borde y , un poco temblorosa, desplegó las alas. Alzó el vuelo y mientras se alejaba el gusano pudo ver cómo un ligero azul cielo comenzaba a despuntar en las alas de su nueva amiga.