¿Fantasía o realidad?

Noviembre 12th, 2006

( Aquí estoy de vuelta, y con un nuevo cuento para vosotros. No es el de las piruletas que se enamoran, como me pidió la Mujer Sonriente, pero prometo que ese os lo cuento otro día porque es tremendamente dulce ;)
De momento, os dejo con este. Espero que lo disfrutéis. )

“- Había una vez…
- Para ya abuela; hace tiempo que dejé de creer en esas historias. Ya soy mayorcita ¿sabes? Basta de príncipes, princesas, sapos, brujas, duendes y culebras. Todo eso está muy bien cuando eres una cría, pero ahora… ahora creo que podrías ahorrarte todo ese paripé.
- Pero…
- Pero nada abuela. Sé que tú las cuentas como si fueran ciertas, que para ti no son ningún cuento. Sé que tú nunca dejaste de ser niña y que nunca dejarás de serlo.”

Esa fue la última conversación que tuvo con ella. La recordaba como si hubiera ocurrido el día anterior, hace tan sólo unas horas; y en cambio habían pasado ya 7 años desde aquella vez.
Ella era una adolescente engreída que creía saberlo todo y comerse el mundo. Con esa conversación pretendía poner punto y final a todas las historias que su abuela acostumbraba a contarle, no porque hubieran dejado de gustarle, sino porque así creía dejar atrás una etapa, así se sentía “mayor”.
Y ahora… ahora se encontraba sola, a los pies de la vieja mecedora donde su abuela había pasado sus últimos años, ahí donde solía tejer mientras le contaba las leyendas, los cuentos, las historias. Ahora daría cualquier cosa por mirar atrás, por retroceder en el tiempo y así poder escuchar y aprender toda la fantasía que su abuela era capaz de almacenar en su vieja memoria.

El recuerdo hizo que las lágrimas manasen de sus ojos. Con la mirada nublada se incorporó y vagó por la casa, errante, sin rumbo fijo.
Las escaleras crujieron a cada paso, y así se plantó en el segundo piso, casi sin darse cuenta, movida por un impulso desconocido. Despacio, arrastrando los pies tal y como hacía cuando era pequeña, se dirigió a la habitación de la abuela.

Tembló frente a la puerta cerrada, como si temiera lo que allí pudiera encontrar, como si estuviera invadiendo la intimidad de su abuela. Pero no, no era así, ella ya no estaba aquí, de manera que tarde o temprano tendría que hacerlo.
Reuniendo todo el valor que fue capaz, empuñó el frío pomo de la puerta, lo hizo girar y la puerta cedió.
Una oleada del perfume de su abuela la rodeó de inmediato. Ese olor era inconfundible, una mezcla de azahar y vainilla tan particular como era ella. Era su perfume, ella misma se encargaba de fabricarlo, siempre decía que no podría encontrarlo en ninguna tienda, y que tenía que ser ese olor el que la acompañara; no soportaba ningún otro perfume.
Recordó que un día le preguntó el por qué, y ella, como siempre, le dio una explicación basada en una fantástica historia. En esa ocasión le confesó que era un secreto, pero que si no se lo decía a nadie lo compartiría con ella…

“- Te lo prometo abuelita! - dijo con un brillo de ilusión en la mirada.
- Bien, de acuerdo Blanca… ¿Sabes por qué tiene que ser ese y no otro?
- No abuela, no ! Cuéntamelo por favor!
- Cuando tenía más o menos tu edad, un día fui al bosque del que tanto te he hablado, ese misterioso bosque que había detrás de mi casa. Ahí vi por primera vez un hada.
- ¿De veras!? - la emoción de la niña crecía a pasos agigantados haciendo que se inclinara hacia delante ansiosa por recoger cada palabra que brotaba de los labios de su admirada abuela.
- Sí pequeña, sí. Esa fue la primera vez.
- ¿Con mi edad?
- Así es, con tu edad.
- ¿De manera que ya podría ver un hada? ¿ya estaría preparada?
- Desgraciadamente, pequeña, eso no es algo que yo decida. No existe una edad para poder ver hadas, más bien se trata de … fe. Hay que creer en ellas de corazón. Entonces es cuando estás preparada para ver hadas; y digo preparada, porque no significa que tengas que verlas, eso sólo depende de ellas.
- Y ¿qué tiene que ver esto con tu perfume?
- Ah sí, lo había olvidado. Pues el caso es que pasé toda la tarde con ellas, me llevaron hasta el claro del bosque donde vivían. Lógicamente ese claro no está a la vista de cualquiera, sino que se encuentra oculto del ojo humano, y sólo puede verse si ellas así lo desean.
Allí me enseñaron sus hábitos, sus costumbres, y me regalaron mi primer perfume. Era mezcla de dulce vainilla con suave azahar; se servían de todo lo que había en el jardín para fabricarlo. Ese es su perfume, el perfume de las hadas del bosque. Desde entonces, es el único aroma que he querido que me acompañara.”

… Y efectivamente, siempre le acompañó. Desde que Blanca tenía uso de razón, ese fue el único olor que recordaba, y cada vez que pensaba en su abuela, inmediatamente le venía a la cabeza ese olor tan característico y personal.
Con una sonrisa al recordar aquella historia, entró despacio en el cuarto.
No era el tipo de habitación que se podría esperar de un adulto.
Cuando había estado de visita en casa de alguna amiga pudo asomar la cabeza a los cuartos de los abuelos y eran otro mundo. Una cama, una mesa, una lámpara y quizá algún retrato. Austeros, minimalistas.
En cambio al mirar a su alrededor, tuvo la sensación de encontrarse en un cuarto infantil.
Alguna muñeca antigua en los estantes, flores blancas, rojas y amarillas distribuidas en cada rincón, cuentos infantiles, y como siempre, la ventana abierta de par en par.
Por último reparó en el viejo baúl. Estaba a los pies de la cama, carcomido por el paso del tiempo.
Y de pronto, recordó…

“- Abuela ¿qué hay ahí? — dijo señalando el baúl.
- Ahí están todas las historias Blanca.
- Pero … ¿cómo?…quiero decir, es imposible que…
- Primer error pequeña; no hay nada imposible.
- Bueno, vale. Aun en el caso de que fuera posible… Tienes miles de libros que encierran esas historias ¿para qué quieres el baúl entonces?

Con una dulce risa la abuela contestó:
- No pequeña, ahí te equivocas. ¿Ves esos libros? Sus páginas encierran las historias que todos conocen, los personajes, los lugares, los nombres inventados por un autor. En cambio en mi baúl guardo mis propias historias, mis propios personajes y los regalos que hasta ahora he ido atesorando con cada visita.
- ¿Ah sí? - cuestionó la niña incrédula
- Así es ¿cuándo te he mentido yo?
- Pues si es así… quiero verlo
- No, eso no puede ser! Ven , siéntate aquí - le dijo señalando su regazo.
- Blanca, si abres ese baúl todos mis recuerdos se escaparán, y entonces me costará más contar todas esas historias que he vivido. Me hago vieja y necesito conservar mis recuerdos. Esos tesoros que ahí encierro me ayudan a ello, así es como puedo regalarte cada día una nueva historia.
-Pues yo, cuando sea mayor quiero tener uno como este y así poder contar a mis hijos y nietos historias como las que tú me cuentas, abuela- le dijo la niña mientras la rodeaba con sus cortos bracitos y estrechaba el cuerpo contra el suyo.
- Si crees, lo tendrás.”

Durante un tiempo la creyó, pero pronto decidió que no eran más que cuentos e historias que inventaba su vieja abuela en los ratos libres; de esa manera podría llegar a escapar de la realidad que le había tocado vivir atada a su silla de ruedas. Hoy por fin podía descubrir qué era lo que en realidad ahí encerraba.

Se arrodilló frente al baúl , acarició la tapa y la abrió de un solo golpe.
Entonces… entonces cayó de espaldas sin poder creer lo que estaban viendo sus ojos.
Del interior del viejo baúl comenzaron a salir destellos, músicas, duendes, hadas… eran todos los seres mágicos de los que un día le habló su abuela! Y ese olor… sí, inconfundible! Era una mezcla perfecta y equilibrada de vainilla y azahar!

Todo ocurrió demasiado rápido. Nada más abrir la tapa se escaparon los tesoros que su abuela guardaba, los recuerdos que ella llamaba. Se dirigieron de inmediato por la ventana abierta de par en par.
Todos menos una pequeña hadita que se quedó suspendida a la altura de sus ojos sosteniendo algo entre sus manos. Esperó a que Blanca pudiera reaccionar y dijo:

- Pequeña niña, así es como te llamaba ella, ¿verdad?
- Sí – contestó Blanca entre asustada y emocionada.
- Te quería mucho, muchísimo! Cada noche al caer el sol nos sentábamos todos a su alrededor mientras escuchábamos sus historias. Nos contaba el día a día contigo; describía la ilusión de tu mirada, tu dulzura, tu cariño… y así ocurrió hasta que creciste. También nos contaba cómo poco a poco ibas perdiendo esa fe que tanto había intentado inculcarte tu abuela en todos nosotros.

Sonrojada y avergonzada por no haber creído a su abuela, la joven contestó :
- ¿Y por qué no me enseñó el baúl?
- Blanca, has de creer por ti misma, sólo podías vernos si creías de corazón, si no , el vernos te condicionaría.
- Pero…ahora os he visto, ahora…
- Ahora estabas recordando las historias que te contaba tu abuela de pequeña - le cortó de inmediato- ahora estabas llorando de emoción, ahora tu corazón quería recuperar el tiempo pasado, quería volver atrás para poder ver a tu abuela, poder sentirla y poder decirle que la creías, ¿me equivoco?

Negó con la cabeza incapaz de pronunciar una sola palabra.
- Eso es suficiente Blanca. En realidad nunca dejaste de creer, en el fondo de tu corazón siempre has creído, pero tenías que desearlo de veras.
- Y entonces, si lo he conseguido, si creo de corazón ¿Por qué os vais?
- Porque nosotros pertenecemos a los recuerdos de tu abuela Blanca. Vamos junto a ella, para que allá donde esté pueda seguir endulzando vidas con sus historias.
- Entonces…
- Entonces ahora te toca a ti crear las tuyas. Sal al bosque, mantén los ojos abiertos y llena tu baúl de amigos y recuerdos. Pero no olvides que son para compartirlos, para hacer un poco más feliz a la gente que te rodea.
Para empezar te dejo esto.

Le extendió un pequeño frasco con una mezcla color ámbar en su interior.
- ¿Esto es?…
- Exacto, el perfume de vainilla y azahar, el perfume de las hadas, de las transmisoras de nuestro fabuloso mundo.

Emocionada miró al fantástico ser mientras se alejaba por la ventana y le dijo:
- Gracias.
- Se lo diré a tu abuela de tu parte – contestó – y también le diré lo mucho que la querías y que finalmente conseguiste creer, estará orgullosa de ti.

Tras unos minutos en los que intentaba discernir si se trató de un sueño o realidad, Blanca abrió el pequeño frasco, aspiró su aroma y salió decidida a encontrar duendes, hadas y gnomos que fuesen los protagonistas de las historias que regalaría al mundo.

(Ahora… ¿ fantasía o realidad? Que cada cual crea lo que quiera creer ;) )

A nadie le amarga un dulce

Noviembre 8th, 2006

LLevo unos días bastante… estresada? Como os he dicho otras veces, mucho trabajo, poco tiempo y menos personal, así que trabajas por tres o cuatro.
Pero si algo no me abandona es la paciencia y la alegría.

Mm…lo miraré por el lado positivo… Esta noche podré disfrutar de una cena con los amigos y algún que otro juego para entretenernos. Mañana en la capital es fiesta, y pasado me lo tomo de vacaciones porque son mías, me las merezco y me da la gana :D

Sí, se puede decir que estoy contenta, como cría chica con ganas de que suene la campana que le libra de pizarras, clases, cuadernos y profesores.
Y como tal, aquí os dejo una imagen que me permite evocar mis años de niñez (aunque hoy en día, alguna vez me permito una licencia y a través de sus sabores vuelvo a ser niña )

¿No os entran ganas de hincar el diente a la pantalla? :D

Besitos a todos y mañana tranquilamente os cuento un cuento ;)

Comunicando…

Noviembre 7th, 2006

- Buenas.
- Hola.

Silencio.

- ¿Qué tal estás?
- Bien ¿y tú?
- Bien

Silencio.

- ¿Qué tal el día?
- Bien, como siempre. ¿El tuyo?
- Sin novedad

Silencio.

- ¿Quedaremos?
- Sí, supongo
- Vale

Silencio.

- Bueno, ya hablamos.
- Sí, hablamos
- Hasta luego
- Chao

Silencio.

- Te quiero.

Silencio desgarrador…

Falsas Apariecias

Noviembre 6th, 2006

- Mírale ahí, impertérrito, como si nada hubiera pasado.
- Sí, sí; de verdad que este hombre no tiene corazón…
- Ni que lo dude señora, si lo tuviera no habría dejado que esto ocurriera.

Unos más y otros menos, pero todos sin excepción opinaban al respecto.
Y él guardaba la compostura sin hacer un solo gesto, sin mover un músculo, sin dar a conocer lo que se movía en su interior, sin mostrar el latir de ese floreciente corazón que crecía con cada lágrima que jamás vio el exterior…

El Coleccionista

Noviembre 4th, 2006

Tal era su obsesión que en cuanto veía una se lanzaba a por ella para hacer crecer su colección.
De todas las formas y colores; de todas las clases y tamaños.
134…142…210… la cuenta subía a una velocidad vertiginosa. Cada vez que se asomaba y las miraba, su deseo de tener más crecía en su interior.

Un día un gran amigo le pidió verlas. Él accedió dispuesto a presumir de su gran tesoro.
- ¿Y de qué te sirve amontonarlas en esta caja? - preguntó.
- Así sé dónde tengo que acudir cada vez que necesite su alegría y su vitalidad.
- Pero, ¿no has visto que más de la mitad yacen en el fondo? Inertes, sin vida…

Ante esto no pudo mas que enmudecer. Las palabras se agolpaban en su cerebro pero no era capaz de pronunciarlas. Quería gritar, quería una respuesta, querría saber por qué le tuvo que ocurrir algo a su magnífica colección, a su tesoro.

Como si hubiera podido leer su pensamiento, el amigo se alejó de la vitrina, le echó el brazo sobre los hombros y con un tono suave le dijo:

- A todos nos gusta contemplar la belleza, disfrutar de las cosas hermosas que tenemos a nuestro alrededor. Pero has de tener en cuenta que hay cosas que nacieron para ser compartidas y volar en libertad. Si tú intentas atesorar aquello que sólo crece y enriquece cuando se deja libre, cuando se comparte, lo único que conseguirás es que perezca sin haber dado fruto alguno y, lo que es peor, sin ser disfrutado ni por otros ni por ti ¿ o acaso te habías dado cuenta de todas las mariposas que había en el fondo?

En silencio se dirigió a la cajita de cristal, la tomó entre sus manos lanzando una última mirada a su interior y la llevó a la ventana más cercana. En cuanto abrió la puertecita que tenía, miles de colores llenaron el cielo expandiéndose por todas direcciones.
Con una sonrisa dibujada por el espectáculo que acababa de presenciar miró al fondo y allí encontró un gran número de pequeñas y llamativas mariposas. Entonces levantó la mirada y con voz sincera dijo:

- Gracias por compartir tus colores, amigo.

(PD: gracias por compartir conmigo tus fotos, amiga ;) )

Regalo para los oídos, regalo para el corazón.

Noviembre 3rd, 2006

Muchas veces los mejores regalos son los inesperados, los que no cuestan dinero, los que llenan cada rincón del corazón y crean sonrisas.
Uno de esos fue el que recibí ayer por la mañana y venía de mano de Ciudad de París.

De pequeña me contaban:”En el bosque de los sabios, donde todos los secretos del mundo se conocen, se había abierto un gran debate: el último Narrador de Cuentos habia muerto. Cada vez que el último poseedor desaparecía buscaban a alguien por toda la tierra para conservar una gran tesoro:el Saco Mágico de Todas las Palabras Existentes. Tenía que ser el más afectuoso y sensible contador de cuentos, para que gracias al poder que le otorgaran y sus innatas virtudes, poblase la tierra con las más bellas historias e hiciera más llevadera la vida de todos los seres vivos” Creo que el dia menos pensado se te acercará un hadao un duende para ofrecerte el puesto.

Besos

Palabras que me llegaron a lo más hondo; palabras que infunden ánimos.
Esta vez me quedo sin palabras, un tímido y sincero Gracias, sin más.

Difícil Decisión

Noviembre 2nd, 2006

Desde pequeña le acompañaban. Siempre soñó con hacerse mayor y poder usarlas. Pero una vez que creció descubrió que no sabía usarlas.
Golpes, caídas y arañazos; en cada intento una nueva marca. Un mapa de cicatrices se dibujaba en su piel dejando constancia de cada esfuerzo realizado.

Ahora ahí estaba, acurrucada en el suelo mirando fijamente el filo cortante de las tijeras que sostenía entre sus manos. Después de tantos esfuerzos, de tantos llantos y sueños inalcanzados había tomado una decisión.
Sería duro, sin duda, pero no podía continuar así. No podía mantener vivo un sueño que por más que lo persiguiera jamás lo conseguiría, un sueño que sólo le traía pesares y dolores.

Suspiró hondo y dijo para sí misma: “Lo siento” luchando con el nudo que bloqueaba su garganta.

Se retorció ligeramente y comenzó la tarea.
Con cada nuevo corte una lágrima más amarga que la otra.
Con cada pluma muerta, un ahogado grito proveniente de lo más profundo de su ser.

Cuando hubo acabado permaneció unos minutos en silencio sin terminar de creerse lo que acababa de hacer. Cuando por fin recuperó las fuerzas se puso en pie y las vio ahí, ensangrentadas y faltas de vida. Ya no eran parte de ella, ya no tendría de qué preocuparse nunca más.
Ahora estaba obligada a olvidar su sueño, ahora debería de acariciar la realidad, ser una más.

Cansada y abatida acudió al rincón donde le gustaba refugiarse, un lugar que pocos conocían y que nadie frecuentaba. Ese lugar que a todos nos gustaría tener; donde sentirse segura y poder llorar, reír , saltar o jugar sin preocuparte por el qué dirán, por si alguien vendrá.
Pero hoy no estaba para saltos ni juegos. Se sentó con los pies colgando en el mar. Todavía no había sido capaz de asumir lo que había hecho. No podía creer que se acabaron los golpes, los intentos fallidos.
De pronto hubo algo que la instó a que se levantara. Con un nervio desconocido y completamente fuera de sí, cogió carrerilla y comenzó a correr.
El corazón le latía desbocado, sus venas parecía que iban a estallar; y ella lo vivía como un sueño, siendo consciente de cada movimiento pero sin poder hacer nada por impedirlo. Era como si alguien o algo hubiera poseído su cuerpo haciéndose dueño de sus actos y decisiones.

Asustada veía cómo se aproximaba al borde del viejo embarcadero pero no conseguía frenarse por más que quisiera. El último paso fue en falso. Cerró fuertemente los ojos temiendo el final.
Simplemente esperó. Esperaba notar cómo el agua entraba por la boca y la nariz hasta llegar a los pulmones y perder la conciencia. ¿Así acabaría todo después de tanto esfuerzo?

Sin embargo el agua no llegaba… llevaba mucho tiempo suspendida en el aire, más de lo que cabría esperar. ¿Qué sensación era esa? ¿qué había pasado?¿eso sería lo que llamaban limbo?
Con miedo por lo que pudiera encontrarse abrió despacio uno de los ojos.
Miró al frente; nada. Miró a los lados; nada. Miró a sus pies… y descubrió que se encontraba a unos 500 metros sobre el mar.
De pronto se dio cuenta… intentó mirarse pero le fue imposible, por más que se retorcía su frágil cuello no le permitía ver lo que se temía…
Pero no necesitaba verlo, le bastaba con sentirlo. Lo sabía, ella lo sabía! Ignoraba cómo fue, qué había pasado, pero ocurrió , y eso era lo único que le importaba.

Después de tanto tiempo por fin lo había logrado! Cuando creía imposible de cumplir su sueño lo había hecho suyo.
Recordó esos instantes de agonía en su casa. Recordó el brillo de las tijeras bajo la luz del fluorescente. Recordó el crujir que acompañó a cada corte. Recordó cómo salió del baño dejando atrás sus preciadas alitas…
No sabía como, pero volvieron. Alzó el vuelo, se dejó llevar sin preocuparse por más.

Y hubo quien pudo disfrutar de ese magnífico espectáculo. Pocos agraciados creyeron ver un ángel surcar el cielo; un ángel con grandes y deslumbrantes alas color oro.

Y mientras, acariciando las nubes y bebiendo del aire, la muchacha alada sonreía sin poder ni querer evitarlo. Su sueño se había cumplido cuando pensó que sería inalcanzable… Había tenido la solución tan cerca …sólo hacía falta una renovación! Comprendió que aunque los sueños perduren en el tiempo, es necesario dejarlos crecer y, lo que es más importante, crecer con ellos para que un día puedan llevarte lejos, muy lejos…

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