Más de media vida subido a un escenario. Cuando hacía memoria se daba cuenta de que toda su historia se desarrollaba ahí.
El teatro era su vida! Siempre supo que quería ser actor, pero nunca pensó hasta qué punto podría absorberle. Al principio pensó que sólo sería una temporada, que pronto podría descansar en cuanto consiguiera hacerse un nombre. Entonces podría elegir cuándo actuar y cuándo no ; dónde ir y con quién hacerlo… Pero hasta entonces le tocaba luchar, sufrir y trabajar más de 20 horas diarias entre ensayos, estudios y desplazamientos.
Pronto descubrió que ese sueño no llegaría. No era fácil abrirse un hueco entre bambalinas.
“En televisión habría sido más sencillo”- solía repetirse; pero en cuanto comenzaba a escuchar los clamores de la sala sentía ese “no se qué” especial, único y exclusivo del teatro que tan absorto le tenía.
Todo por un sueño. Todo por su sueño. El teatro le había robado la vida. Nunca pudo establecer una familia porque su trabajo no le permitía estar parado y siempre pensó que no sería justo para los que quiere el que tuvieran que sacrificarse por él.
En ocasiones se sorprendía suspirando y lamentándose por el calor de una familia. Realmente le habría gustado saber qué se siente cuando unos brazos te esperan abiertos al llegar a casa, cuando los pequeños que representan la sangre de tu sangren acuden a ti revoloteando bajo tu mirada e intentado captar toda tu atención para contarte su último descubrimiento o la última anécdota que le sucedió en el cole.
En fin, era ridículo, tenía que quitarse esa idea de la cabeza… Ya había superado los cincuenta y su único gran amor había sido el teatro.
En estos pensamientos andaba embarcado cuando de pronto se dio cuenta de que alguien llamaba a las puertas de su camerino. Se levantó y encontró a su ayudante al otro lado de la puerta cansado de esperar.
-Ya era hora, ¿no, Héctor? Llevo más de diez minutos llamando a la puerta! Poco más y llamo a los “Geos”; ¿se puede saber qué estabas haciendo!? – dijo mientras dirigía una rápida mirada alrededor buscando algo sospechoso.
Y antes de dejarle contestar, continuó hablando:
“Bueno, bueno, bueno, es igual; vayamos al grano… Tu compañera de reparto ha sufrido un “aparatoso accidente” tal y como ha comunicado su asistente. En realidad tan sólo se ha roto un dedo haciendo vete tú a saber qué; pero ya la conoces, Kary es así de … en fin, no seguiré que las paredes oyen… Esto quiere decir que hoy habrá una sustituta, que quedan sólo 15 minutos para que empiece la función y que nos jugamos el culo! 15 minutos! ¿sabes lo que eso significa?! Significa que no sabes ni quién es esa persona; significa que no habéis ensayado la obra y tendréis que improvisar; significa que esto puede ser un auténtico desastre!”
Hundió la cabeza entre sus manos como si quisiera esconderse y no volver a salir de ahí hasta que todo hubiera pasado.
- “Oh, Dios! Qué mala suerte la nuestra! Era nuestra oportunidad, ¿entiendes? Por fin habíamos logrado un hueco en Madrid! Y ahora…ahora mira! Héctor, ¿me estás escuchando?! “
Lo cierto es que no le había hecho mucho caso. Se había quedado tan sólo con que Kary no compartiría escenario con él. No sabía qué hacer, si echarse a llorar porque hubiera ocurrido justo en Madrid, en su gran oportunidad; o pegar saltos de alegría porque por fin hubiera ocurrido. Y es que no soportaba a Kary.
Era la típica actriz de poca monta que se cree dueña y señora de todo lo que le rodea, incluyendo ahí las personas que le asisten y las que trabajan codo a codo con ella.
Altiva, orgullosa y soberbia; por más que lo intentara no podría encontrar otros calificativos para describir a su compañera de reparto.
Pero fuera como fuese era su pareja y era buena actriz. Ella lo sabía, por eso en parte se comportaba como si fuera una diva.
“- ¿Y ahora qué, Carlos? ¿Ahora qué haremos? Tenemos a más de mil personas esperándonos! Oh, esto no puede estar pasándome a mí…”
“- Acabo de hablar con el director, Héctor. Te puedes imaginar cómo está él… Me ha dicho que tiene una sustituta; por lo visto es una chica que sigue la obra desde hace tiempo y que se sabe el guión de pe a pa; pero más te vale rezar Héctor, más te vale rezar…”
Y llegó la hora. Pasaron esos agonizantes 15 minutos que les separaban del triunfo o del fracaso; pronto lo verían…
Todo comenzó con normalidad. Él saltó a escena, reprodujo su monólogo achispado sin problema, como había hecho hasta ahora. Y entonces entró ella.
Tendría unos 20 años menos que él. Era una chica de tez blanca y cabello color fuego que le daba un aire de muñeca; alta y delgada; con labios carnosos y grandes ojos color avellana.
Cuando comenzó a hablar una voz aterciopelada inundó la sala creando un silencio sepulcral en el teatro.
Afortunadamente parecía que gustaba. El público ovacionaba cada intervención suya. Los hombres que ocupaban las primeras filas y podían verla sin dificultad estaban enganchados a sus elegantes movimientos. Y es que tenía una fuerza arrasadora, un magnetismo difícil de explicar.
Llegó el momento cumbre de la obra; el momento en que los personajes, después de muchas situaciones compartidas y profundos secretos, se dejan seducir por el otro.
Y ahí estaba Héctor, frente a frente con una hermosa mujer de la que no sabía ni su nombre y ante la que, sin embargo, se sentía desnudo. En ese instante agradeció al cielo que no estuviera Kary.
Ella le miraba con una cálida sonrisa. Según el guión se abrazaron, y ese momento lo aprovechó para inclinarse en su oído y susurrarle : “Mi nombre es Claudia”. Sólo fue un instante, sólo fueron cuatro palabras, pero para él fue mucho más…
Llegó el momento del beso. Tenía que haber sido él quien se acercara hasta los labios de su compañera, pero no sabía por qué, esta vez no fue capaz. Se quedó completamente paralizado y tuvo que ser Claudia la que tomara la iniciativa.
Se acercó lentamente clavando su mirada en Héctor; éste comenzó a temblar. Después de tantos años y ahora venía con estas!?! ¿qué le estaba sucediendo!?!?
Haciendo caso omiso de esos temblores, Claudia siguió acercándose hasta que sus labios se rozaron.
Entonces el telón comenzó a bajar. La gente se levantó de sus asientos aclamando a los actores; lanzando vítores y pidiendo bises.
La obra había acabado, pero Héctor supo que éste era el principio de una nueva historia; el comienzo de su historia.