Pasito a Paso …
… estoy horneando el post. Espero poder publicar cuanto antes, hoy sin duda, cuándo exactamente lo desconozco …
Hasta ahora!
… estoy horneando el post. Espero poder publicar cuanto antes, hoy sin duda, cuándo exactamente lo desconozco …
Hasta ahora!
“Hace tanto tiempo que quería intentarlo… No sé por qué, pero al final siempre terminaba…”
No, no le convencía. De nuevo arrugó la hoja entre sus dedos y después de tanto practicar encestó a la primera en la rebosante papelera que tenía a tan solo unos metros.
Llevaba días intentándolo pero era incapaz. No sabría decir exáctamente el qué o por qué le estaba ocurriendo eso, el caso es que le sucedía.
Era sólo una carta! ¿ Tan complicado podía ser!? Había escrito miles a lo largo de su vida y nunca se encontró con que a cada nueva palabra su mano temblaba, con que por más que las buscara, no encontraba las frases que pudieran expresar lo que sentía.
Cansada, se llevó las manos a la cabeza y comenzó a juguetear con algún que otro mechón de su abundante melena.
Miró al techo, quién sabe si esperando que le llegara la inspiración! Su reloj de pulsera le decía que llevaba cerca de tres horas ahí sentada, frente a sus papeles, sus bolígrafos y esa maldita papelera que no hacía otra cosa que engullir un folio tras otro, una frase tras otra.
Ya está, lo había decidido! Se levantó de un salto de la silla que ya parecía estar plagada de clavos y corrió hacia el teléfono.
Marcó un número y escuchó su voz al otro lado de la línea. Había olvidado cómo sonaba. Por un momento olvidó que su timbre de voz siempre le hacía sonreir. No sabía si era por su sonido en sí o por lo familiar del tono, eso era lo de menos, el caso es que conseguía hacerle sonreir.
Muda, paralizada y sin saber qué hacer o qué decir. Después de un minuto que pareció una eternidad, escuchó como colgó el teléfono.
¿ Qué le había pasado? ¿por qué no pudo responder? Simplemente se le agitó la respiración, pero además de eso…nada. Pensó que sería más fácil. Por un instante creyó que al escuchar su voz, al suponerle cercano en la distancia, por fin podría hablar; decirle todo aquello que bullía en su interior desde hacía tanto tiempo…!
Triste realidad que nos hace despertar de nuestras ensoñaciones!
Enojada consigo misma volvió a lo que a estas alturas veía como un potro de torturas. Esa silla, esa mesa, esos papeles que esperaban impacientes sus letras, sus pensamientos, sus sentimientos… todo eso que era incapaz de soltar.
¿Qué le pasaba!? ¿por qué le estaba ocurriendo esto!? Quizá no quería hacerle daño, quizá no quería hacerse ella daño… Bien es sabido que cada uno somos esclavos de lo que decimos, y ella no estaba dispuesta a que su corazón sufriera de nuevo. Había conseguido ser libre y no permitiría que otra vez fuese prisionero de la angustia, de la soledad, de la añoranza…
Derrotada se dejó caer al suelo. ¿A quién pretendía engañar? Ya lo era, su corazón ya era prisionero, ella ya era esclava y la añoranza que tanto temía padecer supuraba por todos y cada uno de los poros de su piel.
Y así, abriendo los ojos a una realidad que temía, asumió que le faltaba fuerza, que carecía de valor, que continuaría adoptando su actitud de avestruz escondiendo la cabeza bajo tierra hasta que encontrara el momento perfecto.
“La próxima vez” - se dijo - “la próxima vez”…
Levantándose lentamente, se dirigió a su mesa, recogió sus papeles, guardó sus bolígrafos, vació la papelera, enterró sus ideas y sentimientos, y salió a la calle un día más y hasta la próxima vez…
Pertenecía a ese tipo de chicas que no creía en el amor.
Cuando veía una pareja pasear de la mano y mirarse con pasión, no podía evitar compadecerse de ellos.
“Pobres ilusos…ya os tropezaréis, ya…”
Si se cruzaba con dos adolescentes disfrutando de la magia del primer beso pensaba en la cantidad de ranas que tendrían que besar hasta darse cuenta de que ninguna de ellas trae la felicidad bajo sus ancas.
Orgullosa, alzó la mirada, apuntó alto con la barbilla y echó a andar con paso firme sonriendo y pensando en la suerte que tuvo al abrir los ojos y darse cuenta de que el amor no existía. Eso le evitaba estar encadenada, dar explicaciones, podía gozar de su libertad.
En esos derroteros se encontraba cuando de pronto apareció. Fue casi casi como en las películas: una esquina, un cruce, dos mundos. Él, ella, un choque.
Una primera oleada enfurecida recorrió cada centímetro de su piel y, cuando se levantaba dispuesta a enfrentarse a quien le hizo caer, fue cuando notó el cambio; de la ira a la admiración.
Era un muchacho alto, desgarbado y delgaducho. Cualquiera diría que poca cosa para ser hombre, pero hizo que algo dentro de ella cambiara.
Notó lo que nunca había notado. Sintió un desgarro, un latido tan fuerte como su caracter. Palpitaciones, sudores y rostro enrojecido.
Hacía unos minutos que le extendió la mano para ayudarla a levantarse pero ella parecía no estar dispuesta a tomarla. Avergonzado bajó la mirada mientras dejaba deslizar un tímido “lo siento” entre sus labios.
Casi cuando se iba fue cuando comenzó a reaccionar. Ella, la chica dura que no creía en el amor, la que se reía de toda aquellas patéticas parejas que lloraban en las estaciones, de los que compraban flores para verla sonreir, de los que eran felices sólo con mirarla… Ella que se dio el golpe por el orgullo que le suponía ser la única persona libre de las cuerdas del amor.
Sí , la misma… fue ella la que de un salto se levantó del suelo, la que corrió tras él, la que le agarró de la manga de la camisa y la que le invitó a tomar un café. Ella fue la que se sintió feliz al verle sonreir ante la invitación.
Ella fue la que por fin descubrió que el amor no ata, que el amor une. Sus filamentos no ahogan, más bien enredan.
Y así , enredada en los hilos del amor y en las palabras de quien había conseguido lo impensable, comenzó a caminar.
“Qué irónico” - pensó - ” ahora habrá alguien que pueda estar pensando en lo ilusa que puedo ser y el tropezón que puedo dar” .
Le miró a los ojos, sonrió, apretó más fuerte su mano y dejó volar viejos fantasmas; simplemente se dejó llevar. Una última idea fugaz fue la que le dejó ese buen sabor de boca… “Si me vuelvo a tropezar, que todos sean como éste”
Y cuando miró su propio reflejo se dio cuenta de que no era como lo veían los demás. Más bien se sentía diferente…
Comenzó a temblar cuando no supo cuál de las dos era la supuesta y cuál la real.
Fuera ficticio o fuera real, en uno de ellos le faltaba todo el color.
Desorientada. Así es como se sentía cada día.
Al abrir los ojos se encontraba en un gran páramo. La oscuridad de la noche le impedía ver nada, tan sólo podía disfrutar de una hermosa y radiante luna. Parecía que la observaba, que seguía cada movimiento, cada gesto, que escuchaba cada suspiro lanzado y cada anhelo encerrado.
Por más que lo intentase jamás era capaz de recordar qué había pasado… Su vida se componía de retales inconexos. Grandes lagunas en su memoria le impedían saber quién era, de dónde venía, dónde vivía…
Desconocía tantas cosas! Sólo el mismo lugar, la misma oscuridad, el mismo silencio hasta que llegaba él.
Siempre era igual. Despacio, con paso lento y elegante se acercaba a ella siendo tan sólo una sombra. En cuanto los primeros rayos de luna alcanzaban su silueta, ella comenzaba a sonreir.
Un sombrero de ala ancha ocultaba su hermoso rostro. Con un rápido y gracioso movimiento , tan solo un roce y dejaba al descubierto su pícara sonrisa y su enigmática mirada.
Temblando, ella esperaba el momento de tenerle frente a frente. Las primeras veces sentía miedo, inquietud. Poco a poco eso se fue convirtiendo en impaciencia y deseo.
- Te estaba esperando.
- Lo siento, lo sé. Siempre has sido más puntual que yo pero ya estoy aquí, no perdamos más el tiempo.
Y dicho esto la cogió dulcemente de la mano y echaron a andar.
Así pasaban la mayor parte del tiempo. Uno junto a otro unidos por sus manos. Alguna caricia fugaz y quizá alguna mirada más, pero ni una sola palabra.
No se sabe cuanto tiempo pasó. No había relojes, tampoco referencias; ninguna sombra que ayudara a calcular, ni estrellas en el cielo ni movimiento lunar.
Ella cerró los ojos mientras suspiraba.Fue poco tiempo, pero el suficiente como para que él desapareciera.
Miró a un lado, miró a otro y no había rastro de él. Era como si se lo hubiera tragado la tierra sólo le quedaba su olor impregnado en sus manos.
Sintió un inenso frío que le subía por las piernas hasta alcanzar su corazón. Paralizada por el terror, bajó su mirada temblando por lo que podría encontrar.
Ahora es cuando comenzaba a recordar… Esto ocurría un día detrás de otro. Era como si cada día muriese por primera vez.
Más que una muerte era una desaparición, y es que en realidad no moría, más bien se evaporaba.
Levantó de nuevo su vista, la dirigió al frente y lanzó un grito desgarrador capaz de helar a cualquier persona que pudiera escucharlo : ” Vuelve a por mí! Mañana como hoy, como ayer, como siempre, vuelve a por mí!”
Esas fueron las útlimas palbras que salieron de su boca antes de convertirse en bruma.
Mientras tanto, muy lejos de allí, un muchacho con mirada enigmática y sonrisa pícara apagaba el despertador paladeando aún el dulce sueño que hacía días tenía.
Si hay algo que no te gusta … cámbialo.
Tan sólo se trata de poner un poquito de ti.
Porque en tu mano está crear tu propio mundo; un mundo hecho a tu medida.
Emplea tus propios colores para llenar los días de luz.
Inventa un vocabulario en el que no entren mas que las palabras que quieras escuchar.
Crea tu propia música ayudándote de los que quieres ; usa sus voces, los latidos de sus corazones, el cascabeleo de sus risas… así es como lo hace G- 21km . Aquí os dejo una pequeña muestra, una canción pegadiza y llena de optimismo.
Disfrutad de la música y que tengáis un buen fin de semana.
