Castigo

Septiembre 30th, 2006

Lo que parecía ser un castigo, terminó siendo una lección.
La tarea era escribir la misma palabra cien veces, tal y como hacíamos en el cole.
Por un momento pensé que iba en broma, que no podía estar haciéndome algo así en uno de esos días catastróficos en los que todo te sale mal, o al menos así te lo parece.
Pero no, no parecía bromear… Ahí seguía, frente a mí sosteniendo lápiz y papel (jamás usa boli, dice que siempre se ha de dejar las puertas abiertas a la corrección de errores sin dejar un borrón que permita recordarlo; para él es una filosofía de vida).

Cuando por fin comprendí que no cejaría en su empeño cogí el material, lancé un suspiro de resignación para que tuviese claro que lo hacía para que me dejara en paz y no porque lo creyese necesario, y comencé la tarea más ridícula que se me había encomendado en muchos años.

Y comencé a escribir. Y sólo cuando llevaba un buen rato por fin comprendí todo… Como bien dije, no era un castigo, era una lección.

Me enseñó que pasara lo que pasara siempre había un hueco para una sonrisa. Que por muy mal que vaya el día siempre puede haber alguien que te robe una sonrisa, sólo hay que dejarse, ceder un poco y abrir esas puertas donde hay gente esperando con el deseo de hacerte un poco más feliz.

Sí, lo logró. Lo que parecía un imposible se hizo realidad.
Y mientras terminaba mi castigo infantil no podía dejar de sonreir.

Al terminar me acerqué sigilosamente hasta donde se encontraba. Dormía en su sillón con el libro abierto sobre su pecho. Despacio colé mi trabajo finalizado entre sus hojas, estaba segura de que el día que lo viera también tendría efecto sobre él y su estado de ánimo.

Una vez que le di la espalda, cuando escapaba orgullosa de mi hazaña, una leve sonrisa se dibujó en sus labios. Sin necesidad de decir nada comprendió que había logrado lo que se propuso.

La Promesa

Septiembre 28th, 2006

Te prometí las estrellas.
Lo que no dije es cómo las traería…

.

Siempre cumplo mis promesas.

El Hombre de la Calle

Septiembre 26th, 2006

Era inevitable; viandante que pasaba por su lado, viandante que le dirigía su mirada con mayor o menor descaro.
Había algunos que lo hacían de reojo trajeados y con el teléfono en mano. Otros disimulaban y querían hacer creer que buscaban una cara conocida entre la multitud que dejaba a su espalda. Los niños no hacían gala de educación o disimulo, muchos de ellos incluso le señalaban con el dedo y tiraban de los bajos de las faldas de sus mamás ( o más bien de sus nanys, niñeras, ayas o como quieran llamarse esas mujeres que tratan de encubrir el vacío de una madre).
Fuera como fuese, pocas eran las personas que podían obviar su presencia.

“Me pregunto qué sentirán cuando pasan por mi lado… Compañero, ¿tú qué crees?” - le preguntaba ceremoniosamente al chucho que siempre le acompañaba.
El perrillo le miraba embobado, más por si existiese la posibilidad de conseguir una golosina de la mano que le alimentaba, que por interés en lo que le decía.

“Sí, yo también pienso lo mismo que tú; toda esta gente pensará que no soy más que un pobre loco que no tiene más compañía que la de un perro pulgoso. Y no te ofendas ¿eh, Compañero? Recuerda que no soy yo quien lo dice sino todos los demás”. - El perro continuaba mirándole pero esta vez agitaba frenéticamente el rabo como si quisiera darle a entender que en ningún momento se sintió ofendido por sus palabras.

” Ay, Compañero! Como es la vida, ¿eh? Tan pronto estás arriba como te encuentras tirado en una esquina sin nadie que te ayude. Ahí es cuando te das cuenta de quiénese son tus verdaderos amigos. Es triste toparse con la realidad…
Todos estos “yupis” que pasan pegados a unos teléfonos que parecen más su carta de presentación que una simple herramienta de trabajo. Esos que me miran por encima del hombro preguntándose de dónde habrá salido un tipo tan raro…
Todos ellos, Compañero, no se pueden ni imaginar lo que realmente nos parecemos… o mejor dicho, no pueden saber lo que un día me parecí a ellos.
Ay, Compañero! Cuánto cuesta subir y qué fácil es caer…”

El Regalo Perfecto

Septiembre 24th, 2006

Y se propuso regalarle algo que nadie le hubiera podido regalar con anterioridad.
Pensó en bajarle una estrella, pero de pronto recordó un cuento de cuando era crío que hablaba de una princesita que consiguió tener una estrella, y como siempre fue de aquellas personas que creía en los cuentos, prefirió no arriesgarse.
Siguió pensando y se le ocurrió regalarle un frasquito lleno de besos para cuando escasearan. Pero un día escuchó una historia de una niña que hizo lo mismo con su papá utilizando una cajita dorada, de manera que también desestimó la idea.
Tras unas cuantas horas dándole vueltas, llegó a pensar en regalarle el perfume de todo el azahar que fuera capaz de conseguir, sabía que era su flor favorita, pero inmediatamente recordó que una vez le escuchó decir que esas flores enfrascadas nunca olerían igual.

Casi estaba a punto de darse por vencido cuando de pronto pareció verlo claro… ¿cómo había podido ser tan tonto?! Ahora caía en la cuenta… no buscaba algo único, no tenía que ser original; al menos no en el sentido literal de la palabra… Sería único y original porque era el suyo, pero no por no tener precedentes.
Por fin entendió que para ella el mayor regalo no serían las estrellas, tampoco el sol, ni siquiera la belleza de las flores.
Para ella el mejor regalo sería su corazón y todo lo que en él se pueda encerrar, desde sus miedos hasta sus anhelos; desde sus recuerdos hasta sus sueños.

Porque tratándose de amor, el regalo perfecto es entregarse y mostrarse tal y como se es. “Quizá sea arriesgado” - pensó - “ pero además de cuentos de princesas e historias de niñas que llenan cajitas doradas, también escuché alguna vez que el que no arriesga, no gana”.
Y así recuperó la sonrisa y la tranquilidad al saber que por fin encontró el regalo perfecto.

Bú!

Septiembre 22nd, 2006

Aquí tenéis un entretenimiento. No tendréis modelo, pero en el título encontraréis la pista. Muchos de vosotros sabréis de qué se trata si os digo que casi casi me siento identificada con ella.
Buena suerte y a mi vuelta me contáis que tal os fue ;)

(Gracias Malamala, te tomo prestado esto, me ha encantado! ;) Espero que no te moleste)

John Doe

Septiembre 20th, 2006

Recuerdo cómo le descubrí. Cada día dejaba un comentario en su página.
Me llamaba poderosamente la atención. Me pareció un aire renovado, una persona de lo más creativa, interesante y enigmática.

No sé cómo llegó el día en que pegó el salto a mi blog. Su primer comentario me llegó en Junio : “Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad…” . Esa fue la primera sonrisa que me arrancó.

Desde entonces cada día se deja caer; cada post tiene su toque personal. Me ha regalado pequeñas perlas para sonreir, para pensar e incluso para respirar tranquila.

“Siempre sueña y apunta más alto de lo que sabes que puedes lograr…”

“No todo en la vida es de un color o de otro. Miren sino el arco iris…”

“Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso…”

-”¿Por qué lo hiciste?”
-”Porque tú me lo pediste…”

“Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado…”

“Confianza es el sentimiento de poder creer a una persona incluso cuando sabemos que mentiríamos en su lugar…”

“Es mejor saber algunas de las preguntas que todas las respuestas…”

“Caerse está permitido; levantarse es obligatorio…”

Podría seguir, pero aquellos a los que pueda interesarles, que sigan su rastro, se deja alcanzar, no lo dudéis.

Me he cansado de preguntarle cuál es su secreto, cómo es capaz de encontrar la frase exacta en el momento justo ( o quizá convendría decir en el post adecuado? )
No he obtenido respuesta. Sé que no lo haré, pero seguiré insistiendo; he de reconocer que no me cansa escuchar eso de … ” un mago nunca revela sus secretos”.

Hace un tiempo me descubrió además que es un artista. No sólo pinta (no lo mencioné antes, pero la imagen que hoy acompaña este post, es suya) , sino que también escribe historias. Le pregunté por qué no abría un blog para contarlas y la contestación me dejó tan helada como lo hacen sus escogidas frases… “no, prefiero contar las historias a alguien y que ese alguien se las cuente a los demás”. Es otra manera de divulgación; puede que corra el peligro de perder la esencia, de ser modificado el original, pero también eso mismo puede enriquecer la historia.

Por eso estoy aquí, por eso quiero compartir con vosotros uno de los textos que me regaló. Por eso y por ser como es le dedico este pequeño rincón, este espacio de ” mi casa”.

Gracias John Doe, gracias por estar siempre ahí. Y… como sueles decir… “Bezitoz en la nuca” :)
Aquí os dejo su historia. Que la disfrutéis.

“Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristocratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejercitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura. Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía más riquezas que amor y perseverancia. Cuando le llegó el momento de hablar, dijo:
-”Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor… Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin más alimentos que la lluvia y sin más ropas que las que llevo puestas…Esa es mi dote…”

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar:
-”Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, me desposaras”.

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento. De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena. Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos.
Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de la zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegria y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la infanta, el joven se levantó y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño de la comarca lo alcanzó y le preguntó a quemarropa:
-”¿Qué fué lo te que ocurrió?…Estabas a un paso de lograr la meta…¿Por qué perdiste esa portunidad?… ¿Por qué te retiraste?…”
Con profunda consternación y algunas lagrimas mal disimuladas, contesto en voz baja:
-”Mi amada princesa no me ahorró ni un día de sufrimiento…Ni siquiera una hora… No merecia mi amor…”

Nueva Espada

Septiembre 19th, 2006

Hace semanas que el estrés me pisa los talones.
Mucho trabajo y escaso personal.
Una mesa cargada de papeles, mil horas extra que nunca serán recompensadas.
Lucha con uñas y dientes por conseguir los objetivos.
¿Quién dijo alguna vez que el trabajo en RRHH era fácil? ¿ Quién decía que en selección los malvados sin corazón somos los que nos encontramos al otro lado?
En fin, sé que esto puede levantar ampollas y suscitar miles de comentarios y opiniones diferentes, pero para gustos los colores…o mejor dicho, para opinión la experiencia.

El caso es que de un tiempo a esta parte cuesta verme por el messenger; conseguir que conteste al teléfono es toda una odisea, y en definitiva, he sentido la necesidad de romper “con todo” ; desconectar y dedicarme más a mí.

Mañana comienzan de nuevo unas mini-vacaciones. Estaré fuera una semana. Algún post dejaré preparado, posts que quería haber escrito antes pero que no tuve la oportunidad hasta el momento.
En esta semana me olvidaré por completo del ordenador. Voy al pueblo a descansar, a pasear, a compartir cada instante con él, a robar higos, a ver películas resguardados bajo las mantas en el sofá… Y además tendré una gran alegría el sábado… Vendrán los amigos a compartir un día de aventuras: caballo (sí, sí! por fin cumpliré uno de mis sueños!Parecerá tonto, pero algo aparentemente sencillo puede convertirse en todo un ideal) , tiro con arco, voley playa ( como suena…será raro, pero si el tiempo lo permite, jugaremos al voley playa en Septiembre), escalada… y todo ello aderezado con algún que otro golpe (me apuesto el cuello a que más de uno volveremos marcados de nuestra aventura), muchas risas y cantidad de recuerdos.

No os podéis ni imaginar las ganas que tengo de poder escaparme de aquí; he llegado a mi límite, justo a tiempo para no explotar.
Volveré con las pilas recargadas, y sé que buenas noticias esperan ansiosas mi regreso … pero como decía Ende, eso es otra historia , y como tal, ya os la contaré cuando se confirme algo.
Mientras tanto, que tengáis buena semana, que si necesitáis algo puede (y sólo puede) que me encontréis en el móvil (fuera de broma, si es algo urgente sabéis que me encontraréis sin duda) y nos volvemos a ver el Martes que viene.

Muchos besitos con el macuto al hombro :)

Momento Inesperado

Septiembre 16th, 2006

Él no podía ser capaz de entenderlo. Jamás lo entendería, no; al fin y al cabo es una de esas cosas que sólo se pueden llegar a entender si se sienten.

Cada día esperaba su llegada. Desde que entró en su vida había vuelto a morderse las uñas. Fue casi sin darse cuenta y no sabría concretar cuándo ni por qué fue, pero de nuevo había caido en esa pequeña adicción. Y así, acompañada tan solo por el crepitar de sus uñas entre los dientes, esperaba que pasaran los minutos sentada en el viejo banco de la estación.

No era una mujer de arreglarse, más bien se podría decir que era un poco desastre. Aspecto desaliñado y con aire de niña incluso cuando iba a trabajar. Era gracioso ver cómo sus compañeros se sorprendían el día que, por algún hecho fuera de lo normal, decidía vestirse un poco más. Miradas incrédulas, silbidos embarazosos y bocas entreabiertas producto de la sorpresa.
En cambio, cada día que le esperaba en la estación era un día especial. Él merecía eso y mucho más.
Sus perfumes caros, sus medias finas y su zapato de tacón.
Sombras, brillos y coloretes.
Gomina, cintas y horquillas.
Y es que nada era suficiente si era para él.

El reloj marcó la mágica hora. Tenía que estar a punto de entrar, casi casi podría verlo llegar si se levantaba y se inclinaba levemente sobre las vías. Pero prefería no hacerlo, prefería esperar sentada, que él la viera aparentemente tranquila, que no supiera el efecto que tenía en ella.

Y el tren llegó. Y la gente bajó.
Besos, sonrisas, abrazos, miradas, suspiros e incluso lágrimas.
Gente que va, gente que viene, maletas cargadas de sueños, paisajes y recuerdos.

Había de todo a su alrededor. Había gente mayor, gente joven, niños e incluso animales. Había bolsas, maletas y maletines.
En cambio, no había ni rastro de él.

Al principio intentó guardar la calma.
“Quiere ponerme a prueba” - pensó. De manera que no se movió del banco en el que estaba. Sólo sus resentidas uñas podían saber cómo se encontraba en realidad.

El sol se ocultó tras el tejado de la estación. Fue entonces, y sólo entonces cuando asumió la realidad; él no vendría, hoy no.
Decepcionada y cabizbaja dirigió sus pasos hacia la puerta de salida. Cuando llegó a la estación no le parecieron tan pesados esos zapatos que se compró para la ocasión; en cambio ahora cada paso era un nuevo sufrimiento. No obstante, le dolía más el corazón que la planta de los pies.
Casi podía notar cómo el corazón le sangraba, y tan ensimismada estaba en eso que no se percató de que alguien la seguía. En la distancia había quien seguía cada uno de sus pasos, quien controlaba sus movimientos. Poco a poco fue ganando terreno, aproximándose a ella hasta casi poder tocarla. Si alargaba el brazo podría acariciarla, si ella frenase en seco no podría evitar el choque.

Así la siguió durante un par de manzanas hasta que no pudo contenerse más. Entonces se aproximó lentamente aprovechando que tuvo que parar en un cruce de calles. Despacio, acercó sus labios a su cuello.
Al notarlo la piel de la joven comenzó a erizarse inmediatamente. Por un momento no supo si tenía que gritar, correr o dejarse llevar; fuera lo que fuese le tenía completamente paralizada, anclada al suelo sin poder reaccionar.

Y del cuello a la oreja. Ahí dejó descansar sus labios y pronunció unas palabras. “Tú también te mereces una sorpresa alguna vez, ¿no?”
Apenas podía creérselo… era él! A quien había estado esperando en la estación! Nunca había esperado tanto algo como aquella vez, ese instante, esa voz y ese dulce tacto que le llegaba hasta su corazón.

Después de unos segundo que parecieron eternos, consiguió girarse y quedar frente a él.
Esos ojos, esos labios, esa sonrisa… por él merecía la pena esperar. Mirándole se dijo: “Quién sabe, quizá sí lo entienda. Quizá sí sepa lo que siento. Quizá lo sienta él también”.

Mi Pecera

Septiembre 14th, 2006

Ayer me tocaba publicar en La Pecera. He de reconocer que tuvo tiempos mejores, pero no me resigno. Comencé el proyecto de Betty con mucha ilusión y, aunque de un tiempo a esta parte no dejara rastro, no significa que haya dejado de bucear por esa pecera tan variopinta.

La pobre Betty ha luchado todo lo posible por ella; el resto de los peces le debemos mucho. Por ello ayer volví a publicar desde… buf! ni me acuerdo cuándo fue la última vez que publiqué…
Ahí seguiré, publicando cuando me toque o cuando me necesiten.

Sólo se me dio una instrucción para escribir : “bocata de jamón” . Y el resultado fue este.

Lo tenía entre sus manos. Un bocata de jamón. Ni tomate, ni aceite. Sólo pan y una triste loncha de jamón.
Dejando escapar un suspiro le hincó el diente. Siempre había sido una persona de esas a las que se le dicen que enfermará por su manera de engullir, por no masticar la comida.
Y ahora… cómo es la vida! Ahora perdía la cuenta en el número cien. Así creía engañar a su estómago . Ese que no hacía otra cosa que rugir día y noche.
No le culpaba, claro que no, cualquier estómago gritaría de aquella manera si su mayor manjar era ese, un triste bocata de jamón. Y lo peor es que ni siquiera era del bueno!; de esos que por ahí llaman “de pata negra”. No , era una triste y delgada loncha de esos que venden en los hiper lo más barato posible; una de esas marcas que, cuando te metes la loncha en la boca, dudas si le quitaste el plástico que la envolvía o no.

Sentada en el banco de siempre ya hiciera sol, nevara, helara o cayeran chuzos de punta. Hoy tuvo suerte, hoy lucía el sol. Y así, degustando su bocata de jamón en plena calle recordó tiempos mejores. Recordó cuando de cría se escondía la comida que no quería en los bolsillos para deshacerse de ella cuando mamá no la miraba.

Ahora ella era la mamá. Ahora podía comprender lo que costaba conseguir esa comida. Y ahora se preguntaba qué estaría haciendo su pequeña, se preguntaba si como ella tiraría el filete que en ese preciso instante tendría en su plato.
Volvió a mirar su bocata, un triste bocata de jamón que, cuando llegase a casa y le preguntara su pequeña por la “comida de negocios”, tendría que conseguir transformarlo en caras gambas, deliciosos solomillos y magníficos tiramisús.

”Bueno” – pensó – “ no alimentaré mi estómago, pero al menos tendré que alimentar mi imaginación” . Y con una sonrisa en los labios miró el bocadillo y creyó percibir el olor de los jamones que recordaba colgados del techo de la cocina de casa de mamá.

El Romance de un Pescador

Septiembre 12th, 2006

(Vale, vale, he tardado, pero aquí estoy… Últimamente tengo demasiado trabajo y eso me obliga a tener que esperar a casa para publicar - os lo podéis creer :P ? - Pero lo prometido es deuda, aquí tenéis el resultado.
Es un poco (bastante diría yo) largo, lo habría publicado en varias partes, pero tengo entendido que muchos preferís ver íntegramente el resultado, asíq ue…aquí lo tenéis.
Espero que os guste.
Besitos)

Hay quien se pregunta cuál es la forma correcta… ¿el mar o la mar? No seré yo quien juzgue, no soy quién para opinar. En cambio sí conozco a alguien que si estuviera hoy entre nosotros, podría ayudarnos con esta cuestión incluyendo razones y fundamentos.

Se trataba de un viejo marino, uno de esos que dedican por entero su vida a la mar (sí, sí, he dicho la mar) , con la piel cuarteada por el salitre y el viento pero sobre todo, por las experiencias vividas en alta mar.
Cada mañana seguía el mismo ritual. Vivía solo, siempre pensó que nadie se merecía el sufrimiento de permanecer en casa largas temporadas sin saber si volvería a verle o no.

Vestido con su “traje de faena” se dirigió a su pequeño barco, solía decir que era lo único verdaderamente valioso que tenía en propiedad.
Como cualquier otro día, siguió cada uno de los pasos. Siempre los mismos, sin cambio, sin modificación alguna. Habrá quien lo considere una rutina insoportable, pero para él era seguridad.
Partió hacia la inmensidad del mar. Cuando se hubo alejado lo suficiente como para perder de vista la costa, paró el motor y se dispuso a tirar la red. Era su manera de trabajar. Había quien prefería quedarse un poco más cerca del pueblo. Quizá fuera lo más lógico, lo racional, pero nuestro amigo prefería perderse. Disfrutaba sintiéndose parte del mar, siempre pensó que en su otra vida debió de ser un gran pez.

Todo iba como de costumbre hasta que… sin saber cómo ni por qué pegó un traspiés. Era realmente increíble pero ocurrió.
Ahí estaba él, sólo, sin tener a quien recurrir, sin ser escuchado por mucho que gritara, sin recibir ayuda por mucho que chapoteara. Debatiéndose entre la vida y la muerte se encontraba perdido, desorientado, realmente temeroso por primera vez desde que dedicaba su vida al mar. Pero no era por la situación, más bien por el desconcierto, por lo inexplicable del momento. Jamás en todos los años que llevaba entregado a esto le había ocurrido algo similar.

Cuando su ánimo llegaba al fin, cuando decidió dejarse llevar, dejar de luchar contra la naturaleza y a punto de cerrar los ojos para no volverlos a abrir más, sintió un leve roce. Era dulce, suave y delicado.
Haciendo acopio de las últimas fuerzas que le quedaban consiguió entreabrir los ojos. Fue un instante fugaz, pero creyó ver algo antes de perder el conocimiento definitivamente…

Para cuando volvió a abrir los ojos, todo había cambiado. Se encontraba milagrosamente en tierra. Sobre la playa yacía de manera tranquila, un poco descolocado. Las sienes le palpitaban frenéticamente. ¿Qué había pasado? Creía recordar que había estado a punto de morir… espera… aún había más… Sí! Ahora recordaba! Un roce, una mano femenina y elegante… Eran retazos, tenía lagunas difíciles de cubrir…De pronto se dio cuenta de que tenía en puño fuertemente cerrado. Al abrirlo una hermosa perla negra cayó sobre la arena.

**************

Pasaron los días. Desde aquél suceso se sentía ligeramente diferente, cambiado. Cada noche sin excepción le ocurría lo mismo. Una imagen, una misteriosa mujer que se le acercaba.
Con paso elegante se dirigía hacia donde él estaba. Una túnica de seda que dejaba intuir cada curva de su cuerpo era todo lo que llevaba por vestido. Descalza, sigilosa y segura se aproximaba paso a paso sin desviar por un instante su enigmática mirada de sus ojos embobados. Hipnotizado estaba ante tal imagen. Cuando por fin se encontraba a su altura sólo se permitía un ligero roce tras el cual desaparecía. Lo siguiente que veía era un mar bravío con cientos de olas coronadas por su blanca espuma.

Con los días, pasaron los meses.
Cierta noche de luna llena decidió coger su barca impulsado por un fuero interno que no fue capaz de dominar. La mar estaba tranquila. Un silencio sepulcral reinaba en el aire, una calma total invadía la atmósfera. Y allí se encontraba él, de pie, en su barca, mirando al mar sin ver nada, escuchando el silencio, acompañado de la soledad.
Sin motivo aparente, con un movimiento rápido y limpio, se tiró al mar atraído por una extraña fuerza que no supo identificar.
Ya en gélidas aguas sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo. Sintió mil caricias pero no vio a nadie que se las regalara; bien pensado podían ser los pinchazos que esa agua congelada inyectaba en su piel. Pero no, en realidad no estaba loco, era cierto, eran caricias que le hacían tocar el cielo.

Así se sorprendió amando la mar, gozando del roce con cada milímetro de su piel, la espuma blanca rodeando su cuerpo. Ensimismado y entusiasmado no era consciente de lo que estaba sucediendo; de la belleza del momento, de cómo la espuma iba adoptando casi imperceptiblemente la forma de una mujer con cada curva, con su cálido tacto, con su delicado aroma.
No sería capaz de definirlo con palabras, Estaba viviendo un momento de éxtasis como nunca antes había vivido, creía caer en el vacío… Y realmente cayó, y de nuevo perdió el conocimiento.

En medio de esa larga y mágica noche despertó en la cubierta de su barco. Cuando trató de moverse sintió intensos dolores en cada músculo. Tardó unos segundo más en reaccionar y orientarse, en saber qué es lo que había ocurrido. Tan sólo recordaba una sensacional vivencia, sólo eso, un sensacional recuerdo; sensacional, sí, pero recuerdo al fin y al cabo…
Sólo podía ser eso, si de verdad hubiera ocurrido sus ropas estarían mojadas, su pulso acelerado y esa fantástica mujer estaría junto a él, porque no habría dejado que se le escapara.

Su cabeza era un hervidero repleto de preguntas. ¿Cómo llegó ahí? Recordaba que estaba mirando al mar. Recordaba que sin previo aviso se lanzó a él; allí no había nadie que pudiera haberle ayudado a subir… y en cambio estaba en el barco.
En estas calibraciones andaba, tratando de poner un poco de sentido a todo lo que le rodeaba, cuando se dio cuenta… su mano encerraba una pequeña perla negra… su segunda perla negra, la segunda vez que creía ver a esa misteriosa mujer… Entonces, ¿después de todo no había sido un sueño?

*********

Con el amanecer pisándole los talones regresó al puerto. En las noches que sucedieron continuó soñando con esa mujer. El mismo rostro, el mismo tacto, el mismo olor… quizá esta vez un poco más definidos si cabe…

Mientras soñaba, a lo lejos, en las profundidades del mar se produjo un gran remolino. Las agitadas olas se retorcían creando una cantidad inusual de espuma blanca que de nuevo tomaron forma…Una maravillosa y espectacular mujer salió de las entrañas del océano. Hermosa, bella, inmaculada, enigmática y misteriosa como ninguna otra que haya pisado la tierra.

Acariciando el suelo con sus pies descalzos, casi sin rozarlo, dirigió sus pasos de manera segura y firme. Movida por el instinto que le caracterizaba, se paró en la puerta de nuestro pescador. No hizo nada, simplemente se quedó sin moverse en la puerta, parecía esperar una respuesta sin haber realizado una llamada.
Y tal como vino, se fue. La noche siguiente de nuevo salió directamente del mar, volvió a caminar hasta su casa y esperó paciente ante la puerta, sin moverse, sin hablar, sin molestar.
Fueron varias noches las que ocurrió, era como si aquella mujer hubiera adoptado una rutina como ese hombre había hecho con su vida.

Todas esas noches el pescador notó algo. Cada noche las perlas negras que le acompañaban desde que comenzaron a sucederle los fenómenos extraños, se tornaban blancas.
Una de esas noches, decidido a descubrir lo que pasaba, estaba preparado al otro lado de la puerta ya que hacía días que se percató de que a la misma hora, en el mismo lugar, una sombra negra que delataba la presencia de una persona en la entrada, se reflejaba en la pared de su salón.
Con él llevaba las perlas que, inmediatamente, del negro azabache pasaron al blanco nuclear. Esa parecía ser una señal, tenía que ser una señal. Sin pensarlo dos veces, de manera brusca e inesperada, abrió en un solo gesto la puerta de la casa de par en par.

La tenía frente a él, no podía creer lo que estaba viendo, esto sí debía ser un sueño… La había imaginado tantas veces! La había intuido con tanto detalle! Ahora por fin podría tocarla si extendía la mano, podría abrazarla si se inclinaba hacia ella, e incluso podría besarla con tan solo recorrer el milímetro que les separaba.
Como se suele decir, era un sueño hecho realidad y, en este caso no se trataba de un dicho popular; en verdad era la mujer de sus sueños, aquella que durante meses le había arrancado de los brazos de Morfeo, aquella que había conseguido obsesionarlo sin conocerla.

Sin mediar palabra se miraron, se besaron y yacieron juntos compartiendo la noche, una noche idílica bajo la luz de una maravillosa luna llena y un grandioso cielo estrellado.
Entre tanto, las perlas que hasta ese instante había recaudado, relucieron más que nunca.

Desperezándose con los primeros rayos del sol que incidían en su rostro, alargó el brazo hacia donde la había dejado antes de dormirse. Pero ella no estaba, únicamente tenía una tercera perla negra sobre la almohada, allí donde permanecía todavía su aroma.

La noche siguiente simuló a la anterior. Él acudió a la puerta, allí estaba ella, ninguna palabra, mucha pasión y una cuarta perla negra al despertar un nuevo día.
Y así fue por un periodo de tiempo que nadie sabría establecer.

Por más que intentaba preguntar, él no era capaz de articular palabra y ella no le regalaba ni una sola nota de la que presumía ser su dulce voz. Miles de preguntas sin respuesta habitaban en el interior del pescador.

Ese aroma le era tan familiar… Un día, sin previo aviso, se dio cuenta de qué era ese olor , qué recuerdo llevaba asociado. Fue hace mucho tiempo, aquella vez en la que estuvo a punto de perder la vida por un hecho que aún a día de hoy le resultaba inexplicable.
Ahora entendía… esa suavidad, esa dulzura, esa frescura de la mujer de sus sueños le recordaba aquel día en que casi se ahoga. No podía ser cierto…

********

Al día siguiente no espero a que ella llegara, se adelantó y se dirigió al mar con todas las perlas negras que había recolectado hasta ahora guardadas en su bolsillo.
Cogió su barca y se internó en el mar. Paró el motor. Otra vez esa sensación, de nuevo le vino a la memoria aquél día… El mismo silencio sepulcral, la misma compañía de la soledad.
Sacó una de las perlas y confirmó lo que sospechaba… Su color no era negro, sino blanco como la espuma del mar…

Sin pensarlo dos veces se lanzó al mar. De nuevo, cuando creyó que iba a ahogarse, que todo acababa para él, la sintió ahí. Primero informe, como la primera vez. Según pasaban los minutos y él se dejaba mecer, consiguió ver poco a poco su silueta, sentir sus manos, oler su cabello…Hasta que la pudo ver por fin, hasta que se vio perdido y envuelto en sus brazos.
Entonces, en presencia de la mujer, sacó su pequeño tesoro, las más puras perlas que se hayan podido conocer en la historia de la humanidad. Y se las devolvió todas ellas. Y con sólo una mirada, sin hablar, comprendió que ese sería su nuevo hogar.

A la mañana siguiente sus compañeros no encontraron rastro de él. Sólo descubrieron su pequeña barquita en medio del mar. Ni rastro de él, ni una nota, ni una prenda. Llegaron a la conclusión de que “murió por su romance con el mar” ; así solían llamar a la muerte más común entre los pescadores, era la manera dulce de enfrentar los naufragios y los desgraciados accidentes que tan habituales eran en aquella arriesgada profesión.

Pero esta vez era cierto, esta vez desconocían hasta que punto se trataba de autentico romance…

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